lunes, 7 de agosto de 2017

3.7) Extracto de la historia de los Elementales



_Alrededor de las cuatro quintas partes de los registros, archivos históricos y los textos antiguos  que quedan acerca del pueblo ilio son posteriores a la Guerra de los Veintiocho, y lo que queda es nada más que una parte del total, diría que no más  del veinticinco por ciento – confió Isabel, cuando la distancia que los separaba del banco se redujo, de acuerdo a un letrero indicador, a quinientos metros. Llegado ese radio, había desaparecido todo y cualquier rastro de vegetación, a excepción de unas pocas motas de césped dispersas. En los alrededores del banco abundaba la tierra carpida (estaban haciendo una obra) y seis caminos angostos llevaban la conectividad de la estructura a dos rutas, una real y la otra regional – El hada malvada y sus tropas comprendieron que si querían destruir a los ilios, también tenían que acabar con su cultura y toda evidencia de que alguna vez hubieran existido. Redujeron a cenizas gran parte de los archivos, e incluso una biblioteca que hubo en Aserradero Ema, en Del Sol – veía la pirámide con admiración. Era una construcción gigantesca, de catorce bloques octogonales que conjuntaban los ciento noventa metros –. De modo que la información que tenemos y lo que conocemos sobre los ilios es porque el conocimiento se transmite de una generación a la siguiente entre los de mi especie y otros seres elementales, o porque los propios ilios cuentan, cosa que no pasa muy seguido. Fechas más o menos exactas y nombres célebres prácticamente no hay, muchos se perdieron en el tiempo y para siempre. Tampoco hay, que las hadas sepamos, muchos momentos clave en su historia, y su esporádico contacto e interacción con las otras especies del reino elemental les resulta poco útil para que se fortalezcan como individuos y como grupo.
_Lo tendrían que hacer – consideró Eduardo, mirando atentamente la estructura piramidal frente a el –. Esos archivos, ¿se volvieron a escribir?.
_Si, se hizo tal cosa, en el siglo y quinto posterior a la guerra, pero no fue lo mismo – informó el hada de aura lila. Lo que de verdad lamentaba era la pérdida de los archivos, ya que muchos no hacían referencia exclusiva a los ilios. Como tantos otros individuos de ambos sexos de su especie (por no decir todos), Isabel sentís por los ilios lo mismo que estos por los seres feéricos en particular y elementales en general – Lo dicho, gran parte de la información se perdió para siempre, aquello de lo que disponemos está incompleto y, para ser franca, ningún funcionario político insular, o de los otros países del continente, o de los otros continentes, siente deseos ni quiere invertir una sola moneda en hacerles un favor a los ilios volviendo a escribir completos esos archivos. Lo que se invierte es lo mínimo e indispensable. Además, hay otros dos factores que juegan en contra. Por un lado, los ilios no poseen un sistema de escritura y lo que tienen es raro e incomprensible, compuesto en su totalidad por unos pictogramas, y a veces uno de esos símbolos puede tener más de un significado, y por otro lado porque, pese a haber transcurrido más de cinco milenios, continúan desconfiando de todos los seres elementales. Desconfían especialmente de las hadas, porque un grupo numeroso de los de mi especie los trató de borrar del mapa – eran tan reacios a actuar con otras especies que les hubo de importar poco su expulsión de la Mancomunidad Elemental, un organismo que nucleaba a todas las especies de ese “reino” –. Tomó varias décadas, pasada ya la guerra, para que los ilios empezaran, y solo eso, a aceptar el hecho de que no todas las personas de mi especie eran como el hada malvada y los suyos, ni pensaban y veían las cosas de esa manera tan tajante. Las relaciones culturales y comerciales, las pocas que estaban en vigencia, y la diplomacia nunca volvieron a ser las mismas, y el poco contacto que existe actualmente implica concesiones y condiciones. Y en eso no cuenta la religión, ni tampoco la cultura o la política, sino la forma que tienen los ilios de ver las cosas y su estilo de vida – y agregó – Hoy, la opinión entre ellos es bastante a favor de continuar siendo un pueblo cerrado y aislado, y eso implica precauciones necesarias en Insulandia y los demás países de este continente, porque Iluria los abarca a todos, como la presencia de hadas guardianas en mayor cantidad que en otras partes y la residencia de verdaderamente pocos seres elementales. No fue de ayuda el incidente con Oliverio, el Consejero de Infraestructura y Obras de nuestro país, en Octubre del año pasado, gracias a lo cual le prohibieron la entrada y permanencia por tiempo indefinido.
_¿Qué pasó?., quiso saber Eduardo, cambiando la bicicleta de una mano a la otra.
-Oliverio destruyó una vivienda de los ilios, pero fue un accidente que no podía evitarse – contestó su compañera sentimental – estaba muy cansado, se había desmayado en pleno vuelo, de camino al límite de esa región insular, y caído sobre la casa del líder de esa aldea. Desconfían de el desde ese día, pese a que se aclaró hasta el cansancio que no fue intencional. Lo hubieran atacado, no pocos sostenemos eso, y no dudo que habría sido con ferocidad, de no ser porque un grupo de hadas guardianas insulares vieron lo que había pasado y estuvo a poco de pasar, porque estaban patrullando esa área – habló entonces de las viviendas de los ilios –. Las aldeas de esos seres elementales tienen una disposición en línea recta con un punto central, que es el templo  religioso. Las líneas rectas están formadas por las casas y otras estructuras, y hay distancias de un metro entre estructuras, de cuatro entre el templo y las más próximas a el y de veinte grados entre una recta y otra. Sus casas tienen siete metros y cuarto de diámetro, porque son circulares, dos punto cinco de altura y no están construidas con otra cosa que madera, adobe y una poca cantidad de piedras. Por eso no duran tanto, diría que a la fecha la marca es de cuarenta años. Si no es un desastre natural es el paso del tiempo, pero siempre hay algo que acaba con ellas, lo mismo que los templos y cualquier cosa que hubiesen construido.
_Un pueblo reservadísimo, muy cerrado y poco o nada afecto a la idea de mantener relaciones comerciales, culturales, diplomáticas y la amistad con otros que no sean ellos, los de su propia especie – resumió el oriundo de Las Heras, reparando en que esos elementales de piel rojiza y amarronada lo habían estado examinando sin el saberlo, o, lo que era lo mismo, haciendo espionaje –. ¿En todos los aspectos se comportan así los ilios, de una forma que por poco no roza la xenofobia?, ¿cómo se las arreglaron y se las arreglan para sobrevivir sin la interacción con las hadas, los seres sirénidos, los gnomos u otras de las especies elementales?.
_Evolución – repitió Isabel –, tanto social como biológica. Para ellos, en cambio, es un regalo de sus dioses. Como sea, esos cambios confirieron a los ilios una mejor adaptación y preparación como sociedad y como individuos, en todos los aspectos. En este en particular la capacidad para desarrollarse y progresar por su cuenta, con una mínima o nula interacción con las otras especies elementales, incluidas las hadas. Al volverse los ilios más aplicados empezaron a prescindir, e incluso rechazar, de la ayuda de los otros, e incrementaron ese cerramiento social y cultural que tanto los caracterizó y caracteriza. Al mismo tiempo eso les significó un atraso, y de eso un ejemplo claro son las viviendas.
_¿Cómo es eso?., preguntó Eduardo.
_A los ilios les tomaron alrededor de quinientos o quinientos cincuenta años comprender que podían usar la madera y otros recursos para construir tantas cosas como necesitaran, y dejar por consiguiente de vivir en cuevas o refugios armados con hojas amplias, ramas y un poco de inventiva – contestó el hada –, eso dicen los textos que sobreviven hasta la actualidad. A mi especie, en cambio, nada más que la sexta o séptima parte de ese tiempo. Básicamente, esa es una de las razones por las que tiene un atraso acentuado como sociedad. A la larga, el aislamiento y el cerramiento los terminaron condenando, mientras que las otras especies pudimos crecer, desarrollarnos y progresar.
_Y ustedes, me refiero a las hadas, ¿cómo tratan a los ilios cuando ellos vienen a esta parte del reino, por ejemplo? – quiso saber Eduardo –. Ya dijiste que es muy raro que lo hagan, el que uno de ellos o más vengan, pero ¿qué cosa hacen vos y los de tu especie cuando pasa eso?.
_Los tratamos de la mejor manera que podemos, y no porque quieran, sino porque eso forma parte de nuestro modo de ser, de nuestra naturaleza, y es algo irrenunciable e instintivo – contestó el hada de aura lila –, aunque los ilios no merecen ese trato cordial. Son realmente pocas las hadas que tienen trato y conversación con ellos, y yo no me encuentro en ese grupo, así que no te podría ilustrar con respecto a eso. No escuchan a ni tratan con nadie, y hasta donde se los únicos individuos del poder político con quienes se reunieron la última vez fue el consejero de Relaciones Elementales, la princesa Elvia y la reina Lili. Fue en un auditorio en el Castillo Real y la reunión duró alrededor de cuatro horas. No se cual habrá sido el motivo ni cuales los temas que se trataron, pero se que no fue de tu llegada, y los ilios se fueron tan rápido como llegaron.
_Puertas espaciales.
_Eso mismo.
_Y cuando ellos se quieren reunir con uno o más individuos de tu especie u otros seres elementales, dentro de sus aldeas o fuera de ellas – preguntó Eduardo –, ¿cómo acuerdan el lugar, la fecha y el horario?.
_Palomas mensajeras – indicó Isabel, que al igual que su compañero sentimental pensaba que la conversación sobre los ilios estaba a poco de llegar a su término, ahora que únicamente restaban exactos doscientos metros para llegar a la colosal estructura piramidal. Desde su posición estaba viendo poco movimiento, pese a que el Banco Real era uno de los lugares más importantes en todo el país. Eso y que en su opinión, los ilios no eran un tema sobre el que valiera la pena conversar extendidamente – Es una especie que desde hace milenios es criada por todos los seres elementales, o al menos por la mayoría, para que cumpla justamente ese… servicio de mensajería, si se quiere. Y las palomas son animales sagrados para los ilios.
_Un pueblo misterioso y cerrado. Los tendría que ver con mis propios ojos – reconoció el originario de Las Heras, detectando un mástil con la bandera insular en uno de los extremos de la estructura. Veía el frente y uno de los laterales, y ambos tenían puntos de entrada – Creo que uno de estos días voy a ir a esa región del reino que forma parte de Iluria para ver a los ilios… mejor dicho para conocerlos.
_No te lo recomiendo para nada – advirtió la hermana de Cristal, usando un tono serio –. Por lo menos, hácheselos saber antes y ni pienses en ir solo a esa región en tu primera visita a ella. – sorpresivamente, Isabel alzó la mano izquierda e hizo algunas señas con los dedos. Parecía el lenguaje de los sordomudos –. Lo que siento por vos es amor, Eduardo, y en lo personal me sentiría muy mal, emocional y anímicamente, si fueras atacado y resultaras herido por eso… por esos seres, por cometer ese error táctico. Me importás demasiado.
_Gracias por tus palabras, Isabel. De verdad. Esa clase de consejos y palabras me hacen sentir tranquilo y cómodo. Me ayudan, pero ¿cuál es el motivo para esa advertencia tan alarmante?.
_¿Te acordás que ayer por la noche, en el Parque La Bonita, te conté como un grupo de sirenas había eliminado a un hombre de mi especie porque este las había estado espiando?.
_Si.
_Bueno, los ilios reaccionan de la misma manera, e incluso peor o mucho peor, según la situación y el contexto. Ellos no se muestran para nada amistosos si consideran que una persona se acerca a sus aldeas a hurtadillas, si interpretan eso como un acto de espionaje o sin haberse anunciado con menos de cuatro días de antelación… eso si dan el visto bueno al encuentro. Sabemos que los guerreros ilios más fuertes vigilan los accesos todos los días, las veinticuatro horas, porque entre otras cosas temen que les roben sus secretos, y de esos sabemos que tienen muchos… y muchos podrían no ser agradables para el reino elemental.
_¿Eso ya lo intentaron las hadas?.
_Si, y pasó varias veces. La peor, o una de las tres o cuatro peores, fue en la Guerra de los Veintiocho – y quiso explicar como había sido esa peor situación, antes de redondear la conversación y terminarla –. Se suponía, y se sigue suponiendo, que las de fuego se encuentran entre las más poderosas de todas las hadas, pero los ilios acabaron con cinco de ellas en un parpadeo. Ese permanece como uno de los grandes misterios hasta hoy. Cómo fue posible que un puñado de ilios pudiera matar a cinco hadas en un lapso tan corto, si solo media decena de seres feéricos, de fuego o no, podría acabar en un momento con la vida de treinta ilios o más, de tenerlos frente a si?. Esa pregunta todavía no tiene respuesta. Cuando los ilios se deciden a pelear, simplemente lo hacen. El hada malvada y sus lugartenientes les habían ordenado a ese quinteto capturar, o eliminar si era necesario, a los principales y más influyentes líderes tribales, en un intento por desarticular la cadena de mando de los ilios y desmoralizar a ese pueblo. Pero los líderes y sus dirigidos, que estaban participando de una reunión de emergencia, lejos de acobardarse, les hicieron frente. Las hadas siempre sospechamos que usaron magia en esa batalla, pero no tenemos una forma para comprobarlo. Eso sería perjudicial para los ilios, ya que entre ellos la magia está totalmente prohibida.
_No hubiera sido conveniente que el pueblo ilio se enterara – dedujo Eduardo –. Sus líderes prohíben el uso de la magia pero son los que la usan. Podrían haberse enfrentado a una rebelión en masa si los gobernados lo hubiesen sabido.
_Ya lo creo. Los líderes ilios castigan con desmesurada severidad y crueldad a cualquiera que use la magia, e incluso matan por eso. El caso de aquella misión de captura, por ejemplo, fue uno de los más evidentes, aunque, como dije, no se puede demostrar. Los textos históricos que quedan indican que la orden de los líderes fue contundente y simple: que rodaran sus cabezas – ilustró a su novio imitando los que, se cuenta, fueron los gestos faciales de los líderes –, y fue literal. A los ilios les demandó en promedio cinco minutos acabar con cada atacante, y entre ellos no hubo bajas fatales. Solo heridos.
Isabel dejó de hacer esas señas y gestos con las manos.
_A los ilios esa batalla les salió casi perfecta., opinó Eduardo.
_Al menos esa… diría que la única vez en la guerra que algo así ocurrió – indicó Isabel –. Pasado ese instante oscuro, el hada malvada aprendió un sentimiento nuevo. Hablo del deseo de venganza. Encontró a los ocho responsables de ese quinteto de decesos y los liquidó en ciento veinte segundos, un promedio de quince por cada uno. En el cuarto de hora que siguió borró de la faz del suelo a toda la aldea, literalmente. Era una aldea que estuvo habitada por seiscientos ochenta guerreros, de los nadadores y voladores. No quedó uno solo con vida, y el templo, las casas y otras estructuras fueron consumidas por las llamas. Después de eso, los ataques del hada malvada y los de su grupo se volvieron más frecuentes, feroces y violentos. Había empezado la guerra total y sin cuartel a escala planetaria contra los ilios. El hada malvada sostiene – “¿Sostiene?”, pensó Eduardo – que el asesinato de cinco hadas de fuego fue uno de los más grandes golpes emocionales que ella y los suyos recibieron durante la Guerra de los Veintiocho, y a la fecha asegura que eso le dejó una marca que no se borra. Podría decirse que un problema psicológico.
“¿Sostiene y asegura?” – continuó extrañándose el experto en arqueología submarina, intentando evacuar esa duda en su cabeza –, “¿cómo puede hacer una cosa así, si ya no vive?”.
_De modo que ya estás sobre aviso, Eduardo – le hizo saber Isabel, ya sobre el final de esta conversación –. Si querés conocer a esos seres y sus aldeas yo voy a acompañarte con gusto, y cuando quieras. Solo tenemos que avisarles antes… y como podría ser una precaución, ir acompañados por un hada guardiana – con esa simple aclaración, hubo de finalizar este tema sobre otra de las especies que formaban el reino elemental –. Y con respecto a eso de que las hadas, las sirenas y tritones, los gnomos y las almas solitarias ´ramos los únicos exponentes entre los seres elementales, dejame decirte  que estabas en un error. Si cualquiera de los hombres y mujeres de mi especie optáramos por contártelo todo acerca de nuestra sociedad y nuestro planeta, tu vida entre nosotros carecería de su justa cuota de misterio y sorpresa.
_¡¿Eso quiere decir que hay más por descubrir acá, en este mundo?!, se emocionó su compañero sentimental, con mayor sorpresa que antes.
Volvió a afirmar eso de lo diferente e igual que era este planeta con respecto a la Tierra.
_Si – confió y prometió el hada –. Animales extintos, por ejemplo. Mejor dicho, formas de vida del reino animal, también del vegetal y del fungi, que en tu planeta de origen ya no existen, como por ejemplo el dodo, el mamut y los helechos arborescentes. Y eso se debe en gran medida a que no tuvimos una o más extinciones masivas, ni tenemos un hueco en nuestra capa de ozono, y tampoco cazamos a las especies hasta llevarlas a su desaparición. Pero dejemos eso para otro momento. El Banco Real está a pocos pasos y allí, estoy bien segura, vamos a tener cosas más interesantes a las que dedicarles nuestro tiempo.
_No se – discrepó el arqueólogo –. Unos cuantos tesoros por acá, otros tantos por allá. Creo que lo interesante de esta  visita va a ser la estructura en si y el tramo subterráneo, ¿no?... y por supuesto el hecho de conocer a tus padres.
_Haceme caso – insistió el hada de aura lila –. Nuestra estadía allí va a valer toda la pena.



Continúa…



--- CLAUDIO ---

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