lunes, 8 de agosto de 2016

Boletos de ayer


De una época en la que el conductor cortaba el boleto en las máquinas expendedoras  clásicas. Desafortunadamente, yo no tuve el honor, porque eso fue (apenas una exageración mínima, para ser franco), de vivirla y disfrutarla, de ver como la ausencia de la tecnología no imponía la “ley del menor esfuerzo”. No se como explicarlo con exactitud, pero se que esa época, este uso en particular, el de las expendedoras y boletos antiguos,  fue algo grande: un testimonio del pasado perdido para siempre, destinado a permanecer en la memoria de la gante. Tan solo viví el ocaso de ella, cuando empezaron a llegar las nuevas tecnologías al transporte automotor.

Hoy no queda absolutamente nada de eso, en la práctica cotidiana. Hace poco se decidió que el único medio de pago para los colectivos, también para otros transportes públicos (trenes, subterráneos…) fuera la tarjeta SUBE, que en su momento se había concebido como una manera para suplir la falta de monedas. Simplemente se apoya la tarjeta en un lector y listo. ¡Que sencillo y aburrido se volvió!, ¿no lo creen?. Yo extraño mucho la época en que era el colectivero el que daba al pasajero el boleto de papel. ¿Por qué es así, si yo viví nada más que el ocaso?. La verdad, no tengo idea. Supongo que se debe a que soy un nostálgico sin cura, a que cada día que pasa me voy convenciendo más y más que las costumbres, usos y modos de ayer, la mayoría al menos,  fueron mejores a cualquiera que pueda existir hoy.  Como ya lo expuse en otros artículos, es triste saber y ver como lo tradicional va perdiendo terreno ante este avance imparable de la tecnología. Los boletos viejos de colectivo representan para mi uno de los mejores ejemplos de aquello. Hoy, son solo un recuerdo, más bello para algunas personas y menos para otras, que incluso no es visto como se debía: como algo grande, desde el punto de vista de lo emocional y los recuerdos.

No soy ningún pelotudo, se que esa época no va a volver, pero tenemos la capacidad de hacer que su recuerdo no desaparezca, gracias a, por ejemplo, los grupos que existen en las redes sociales y sitios en la red que se dedican justamente a evocar estos períodos de antaño, personas que se agrupan para intercambiar conocimientos y comentar vivencias y experiencias.

De nosotros depende.




--- CLAUDIO ---

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